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Salmo 44: No todo final es el final

  • 12 jul 2025
  • 2 Min. de lectura

El Salmo 44 ha de ser uno de mis favoritos por todo lo contrario a lo que podrías pensar.



Este salmo, escrito por los hijos de Coré, finaliza diciendo: Porque nuestra alma está agobiada hasta el polvo, y nuestro cuerpo está postrado hasta la tierra. Levántate para ayudarnos, y redímenos por causa de tu misericordia.


Y ya está. Están afligidos, lo están pasando mal (y hasta es poco decir); le dicen a Dios que ellos no se han apartado de sus caminos y permanecen fieles a Él, sin embargo están afligidos porque sus enemigos los pisotean y se burlan de ellos.


Y dirán, ¿por qué te gusta ese salmo en el que todo va mal y Dios parece haberse olvidado?

La respuesta es simple: me gusta este salmo no porque todo esté bien en él, sino porque no finge que lo está.


A nuestros ojos, y recordando lo que desde el inicio de este sitio llamamos la mala voluntad de Dios, el accionar de Dios en el plazo inmediato muchas veces parece hasta ir en nuestra total contra; incluso cuando estamos viviendo como Él nos pide (como Job, los apóstoles martirizados, etc.).


Pero Él no se ha olvidado y siempre está obrando a favor de quienes lo aman.


Habitualmente memorizamos, repetimos, celebramos y compartimos los textos de victoria:

– ¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!

– ¡Siiiii!

Pero no se fijan que lo que realmente dice ese texto en su contexto es: tenga dinero o no, tenga un lugar donde dormir o no tenga ni para comer, en necesidad, pobreza; seguiré predicando el Evangelio a pesar de las circunstancias, porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece.


Volviendo al Salmo 44, Dios obra y los frutos o las respuestas llegan, a veces de formas que no esperábamos, pero en Su tiempo, post proceso; los procesos son los que muchas veces parecen ser el final.


Dios permite el proceso, pero cuando estás en el proceso te pide que confíes en Él; porque los procesos se ven como estar en medio de una espesa niebla, la única forma de salir de allí es avanzar confiando en Dios.


¿Por qué me gusta este salmo?

Porque muestra, recuerda y representa la vulnerabilidad de la mente humana; pero en medio de esa vulnerabilidad, no reniega de Dios, aunque lo confronta con dolor. El autor está desesperado, sufre, pero confía. Y aunque al final cierra con el mismo pesar, no pierde la esperanza.


La estoy pasando mal, todo va cada vez peor, Dios hace silencio, parece que me está dejando morir; creo que es algo que muchas veces muchos hemos vivido.


Pero Dios no se olvida.


Y aunque ese capítulo cierra tan desamparado, el 46 evidencia la finalmente intervención de Dios, declara: Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.


Aunque hoy parezca el final, tranquilo.


Aunque esta noche aún te vayas a dormir llorando, respirá.


Aunque durante todo el día de mañana debas continuar esperando, confiá.


Dios no se olvida. Él responde en el momento justo.

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